Más de un cuarta parte de la población mundial se encuentra encerrada en sus hogares. En cuestión de semanas el brote del SRAS-CoV-2, más conocido como coronavirus, se fue expandiendo de Oriente a Occidente sembrando más de medio millón de enfermos, alrededor de 30 mil muertes y un confinamiento social de una manera y alcance que no se recuerda en el planeta a corto plazo. Los conflictos mundiales que más conocemos suelen dispararse por intereses económicos, no de salud pública.

El origen del coronavirus, causante la enfermedad del COVID-19, se dio a principios de diciembre del 2019 en China, en el Mercado Mayorista de Mariscos Huanan de Wuhan, capital de la provincia de Hubei y donde viven 11 millones de personas. Allí, la carne de más 110 especies exóticas se vendía en puestos montados sobre laxos controles de salubridad y bromatología. Un comercio letal cuando, además, no se sabe cómo y de qué manera se consigue y produce la mercadería. Entre ellos, el pangolín y el murciélago, los mamíferos sospechosos de haber causado el brote.

Tras varias semanas de incertidumbre y silencios, las autoridades del gigante asiático – poco adeptas a las deliberaciones– trataron de sortear la crisis con el despliegue de un fuerte control poblacional para limitar el contracto y prevenir mayores pérdidas. Además, se prohibieron los mercados de fauna salvaje. El costo fue alto. Según las cifras oficiales, Wuhan alcanzó 50.006 infecciones de las 81.171 en todo el país y sufrió 2.524 muertes de las 3.277 a nivel nacional. Sin embargo, tras 60 días de aislamiento casi total, la ciudad comenzó a abrirse, como ya lo venía haciendo progresivamente el resto de China, tras haberse decretado semanas atrás el fin del pico de casos.

En cuestión de semanas el brote del coronavirus se fue expandiendo de Oriente a Occidente sembrando más de medio millón de enfermos, alrededor de 30 mil muertes y un confinamiento social en el planeta que no se recuerda a corto plazo.


El número de contagios, como contraparte, avanza sin pausa sobre Europa, considerado en la actualidad el epicentro del virus. Es Italia el que peor la está pasando. Son 10.000 las víctimas, como lo ha reportado la Johns Hopkins University, en base a datos de la OMS, en su último conteo del 28 de marzo de 2020. Representa la mitad del total de todas las defunciones dentro del viejo continente. España, Francia o Alemania son los otros países que crecen a un ritmo parecido pero sin llegar a ese extremo por el momento.

Los especialistas indican que el virus ha pasado de Asia a Europa y que el próximo objetivo es América, empezando por el norte. En Estados Unidos hay preocupación por la posible saturación de su sistema de salud, considerado el más caro del mundo y donde un testeo puede costar más de US$3.000. Donald Trump intentó sin éxito “bajar el precio” a la expansión de la pandemia en un inicio pero en estos momentos evalúa decretar una cuarentena por 14 días en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. Es el país con más infectados del mundo (120.000 casos) y reporta casi 2.000 muertes. Unas 453 en las últimas 24 horas.

Tras ver las experiencias dramáticas en otros países, Argentina ha decretado la primera cuarentena total de su historia. Alberto Fernández buscó ganar tiempo con una serie de medidas anticipadas que tuvo una buena recepción social e hizo culto de una comunicación sobria, sin las imposturas del macrismo pero tampoco la versión más histriónica del kirchnerismo, y de la pluralidad política. «Entre la salud y la economía, elegí la salud», fue la definición del presidente.

El desafío de su gobierno –que cumplirá cuatro meses– será sortear los embates de una economía que ya se encontraba con pronóstico reservado, y con varias provincias con los índices en rojo. La desigualdad y la golpeada clase trabajadora son realidades que existían antes del virus pero, con la aparición de este último, tienden a profundizarse. En Argentina, que hoy funciona a menos de media máquina, hay alrededor de 16 millones de pobres y el índice de empleo informal es del 40 por ciento.

De momentos, la aparición del coronavirus llevó a que el Gobierno Nacional oficializara el aumento de los subsidios a familias sobre la línea de pobreza, jubilados y desocupados, así como ayuda financiera por unos 5.300 millones de dólares a pequeñas y medianas empresas, también el congelamiento de precios, el pago de 10 mil pesos a monotributistas, la suspensión por 180 días del aumento de los precios de alquileres y del corte de servicios, junto al cierre de fronteras.

Tras ver las experiencias dramáticas en otros países, Argentina ha decretado la primera cuarentena total de su historia. Alberto Fernández buscó ganar tiempo con una serie de medidas anticipadas que tuvo una buena recepción social


Deberá analizarse la vigencia de estas medidas si se extiende el aislamiento obligatorio a nivel nacional más allá del 31 de marzo, la fecha límite que se pautó en principio. También la contención social en los territorios más calientes del conurbano, tema que preocupa y mucho. Según el ministro de Salud, Ginés González García, «el pico del virus se va corriendo para mayo». Hasta el sábado 28, en Argentina se localizaron 55 casos nuevos positivos, alzando a 745 las personas infectadas en el país, de las cuales 80 se recuperaron y 19 murieron.

Caso en el mundo
En un principio, las medidas de prevención han diferido. Sin embargo, la mayoría de los Estados han terminado encolumnados detrás de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con la promoción como métodos más efectivos los de bloqueos y cuarentenas. En Reino Unido hasta hace poco no había casi restricciones y se permitía la libre circulación dentro del país. Según la Universidad de Oxford, una forma de generar anticuerpos masivos, la «inmunidad de rebaño». La idea generó debate hasta que fue abandonada a regañadientes por Boris Johnson, primer ministro, que en las últimas fue diagnosticado con la enfermedad.

Hay ejemplos más particulares, como el Taiwán. No forma parte de la OMS, tiene 23,78 millones de habitantes, está a tan solo 130 kilómetros de China continental pero registró tan solo 195 casos y 2 muertes por el brote. El país asiático logró frenarlo con una combinación de vigilancia temprana, medidas proactivas e intercambio de información con el público, así como la aplicación de tecnología en forma de análisis de big data y plataformas en línea.

Otros países muy afectados fueron Corea del Sur e Irán. El primero llegó a ser el segundo país más afectado del planeta. Sin embargo, preparado para afrontar una epidemia desde el año pasado, cuando tuvo que enfrentar al MERS, dispuso una red de diagnósticos masivos y un control estricto de los casos. En cambio, el segundo anunció que el número oficial de muertes es de 2.517. Aunque se posiciona como el lugar con más fallecidos por detrás de Italia, España y China, aún no se tomó ninguna medida de cuarentena ni confinamiento.

En América Latina, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llamó a la población a andar por las calles sin atender los recaudos internacionales. “Yo les voy a decir cuando no salgan, pero si pueden y tienen posibilidad económica, sigan llevando a la familia comer, a los restaurantes, a las fondas porque eso es fortalecer la economía”, dijo. En cuestión de días, el aumento de casos y fallecidos ligados a la pandemia determinaron un cambio radical de su postura. “Hay quedarse en casa y cuidarnos entre nosotros”. Por su parte, en Brasil, Jair Bolsonaro quiere el regreso de la escolaridad en un país con 92 fallecimientos y 3.417 pacientes confirmados, de los cuales 11 son funcionarios.

La cuestión ambiental
El coronavirus es una familia viral compuesta por diferentes clases de brotes epidémicos que provocan distintas enfermedades. Todas ellas están vinculadas a síndromes respiratorios en escalas de gravedad variadas y, según el tipo, pueden infectar tanto animales como humanos. Además del SRAS-CoV-2, la OMS reconoce otros dos coronavirus capaces de generar brotes epidémicos: el MERS-CoV (se detectó por primera vez en Arabia Saudita durante 2012 y registró 2.400 casos con más de 800 muertes) y el SRAS-CoV (se inició en China entre 2002/03 y murieron 774 de las 8.098 personas infectadas). A pesar de ser menos expansivos, estos resultaron más letales en porcentaje.

La aparición de estas patologías no escapa a la cada vez más profunda crisis que el humano tiene para relacionarse con su entorno natural y el resto de las especies que lo habitan. Además de las irregularidades de los controles de salubridad, los mercados de fauna exótica como los de Huwam son abastecidos por el tráfico ilegal de animales y la caza furtiva, que causan la extinción de especies y la destrucción de hábitats. Mientras existan estos emprendimientos, estará la posibilidad de que el mundo viva fenómenos así.

El freno de la actividad económica global y el confinamiento social, por su parte, expusieron otros de los factores destacados de la cuestión ambiental. El descenso del tráfico vehicular y la menor actividad industrial se tradujeron en menos emisiones de gases contaminantes y presencia de partículas en suspensión, un problema que tiene a los países más fuertes ocupando la primera plana. Así lo han certificado un informe de la agencia CarbonBrief e imágenes satelitales de la Agencia Espacial Europea. Sin embargo, no necesariamente es sinónimo de política ambiental. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que esta reducción no representa un sustituto de acciones contra el cambio climático.

La aparición de estas patologías no escapa a la cada vez más profunda crisis que el humano tiene para relacionarse con su entorno natural y el resto de las especies que lo habitan

Ante el aluvión de informes que cuantifican casi a diario la reducción de gases nocivos vinculados a la industria y el tráfico en las zonas confinadas, muchos analistas alertan del efecto rebote que se puede producir y de la relajación de las normas medioambientales que se puede desencadenar. Estados Unidos y China, las dos principales economías del mundo y también, los dos países más contaminadores y emisores de gases de efecto invernadero del planeta, van por esa senda.

La Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (EPA, sus siglas en inglés) emitió una orden para flexibilizar las normas y controles a las industrias del país por el coronavirus indefinidamente y de forma retroactiva desde el 13 de marzo. El gobierno chino, mientras tanto, anunció que también suavizará los suyos sobre las empresas para permitir la recuperación económica del país. Parece que la cuestión ambiental, pese a ser una de las grandes causas del origen de la pandemia, una vez más quedará relegada.

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