En los primeros meses del gobierno de Alberto Fernández surgieron tantas situaciones para analizar como si hubiera transcurrido más de la mitad del mandato. En estos tres meses, no sé si por suerte o por desgracia, tuvimos diversos sucesos para ver de qué forma gestionan y cómo toman las decisiones. Ya podemos ir dilucidando el tipo de liderazgo que tendremos hasta el 2023.

Inicialmente, el esquema del poder que se formó en torno a Alberto Fernández es totalmente distinto al constituido por Mauricio Macri en los últimos cuatro años. Esto se da, principalmente, por el carácter que tiene cada uno de ellos y por el perfil de los funcionarios que los acompañan. Macri no fue en ninguno de los casos el centro de la toma de decisiones, ya que estas estaban en cabeza de su jefe de Gabinete, Marcos Peña, que era quien acordaba con los ministros y decidía los destinos de las políticas públicas. Por el contrario, Fernández, con un estilo muy similar al de su ex jefe político Néstor Kirchner, es él el que toma las decisiones indispensables, dejando la ejecución a su jefe de Gabinete y al equipo de ministros.  

En la actualidad, la jefatura de gabinete del Gobierno Nacional tiene como cabeza a Santiago Cafiero, un joven dirigente que está dando sus primeros pasos en las grandes ligas de la política. A su vez, él cuenta con un equipo de asesores experimentados como lo son Gustavo Beliz, Cecilia Todesca, Vilma Ibarra y Juan Manuel Olmos, todas personas de confianza del Presidente. Ellos tienen distintas tareas a la hora de gestionar. Beliz, particularmente, es mencionado como el estratega que reformará la estructura del Estado Nacional enfocado en la eficiencia y la buena utilización de los recursos. 

Si nos remontamos a la estructura de la jefatura de gabinete del gobierno de Mauricio Macri, nos vamos a encontrar con Marcos Peña, el hombre todopoderoso, y con sus dos vice jefes Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, posteriormente reemplazados por Andrés Ibarra. Este triángulo de poder intervenía en todas las áreas de gobierno, en la utilización de los recursos y hasta en la forma de llevar adelante los distintos programas de los ministerios. Su forma de trabajo hacía sentir a los ministros como si estuvieran intervenidos por un organismo exterior, afectando la toma de decisiones y generando retrasos y errores en la ejecución de las tareas. 

Este tipo de gestión fue la que alejo vorazmente a Mauricio Macri de la realidad, haciendo más difícil la reacción del Estado ante una situación de crisis. Claro ejemplo de ello fueron las reiteradas reuniones del comité de crisis en la quinta de Olivos después de las fuertes devaluaciones de la moneda, donde no sólo participaba el Presidente y el equipo económico si no también distintos políticos pertenecientes a la coalición de gobierno. Estos cónclaves sucedían normalmente después de que los problemas se le habían ido de las manos a los ministros y al jefe de Gabinete.

Por el contrario, en la actualidad cada una de las decisiones son evaluadas por Alberto Fernández en persona, y es eso hace que se lo ve al tanto de los temas en sus exposiciones y al frente de todas las situaciones, que como mencionamos al inicio de la nota se sucedieron en estos tres primeros meses de gobierno.  

Un claro ejemplo de lo que venimos hablando, es la forma en la que Fernández se puso al frente de la crisis desatada por el Covid-19. A través de los distintos medios de comunicación, redes sociales y métodos sorprendentemente utilizados por millennials (como el vivo de Instagram), el presidente se metió en los hogares de los argentinos para informarnos cómo estaba la situación, decirnos que nos teníamos que quedar en casa y que pasaría con los que no cumplían con la cuarentena. 

Este tipo de liderazgo disparó la imagen positiva de Alberto Fernández, perforando el núcleo duro del votante de Cambiemos y generando a través de esta crisis una sensación de unidad nacional. A simple vista, la mayoría de los argentinos lo ven como un verdadero comandante en jefe y creen que bajo su mando podremos superar las adversidades y desafíos que nos presenta este 2020. Desafíos nada simples si tenemos en cuenta que uno de ellos es una pandemia y el otro la crisis económica nacional que nos aqueja, hace más de 10 años, con estanflación, deuda externa y emisión monetaria. 

Hasta hoy, a pocos meses de haber asumido el nuevo gobierno, creo que los argentinos encontramos el tipo de liderazgo que nos hace funcionar como sociedad. Necesitamos que nos digan qué tenemos que hacer, que sean implacables y que nos demuestren firmeza. Que las decisiones siempre sean sostenidas desde la unidad, pero por sobre todas las cosas que no haya sectores populares o poderosos que actúen en contra. 

Queda mucho camino por recorrer. Se puede estar o no de acuerdo en las ideologías o políticas llevadas a cabo, pero es inobjetable que con este tipo de conducción nuestra sociedad se siente más cómoda. 

Un Comentario en “Liderazgos antagónicos”

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