El Ministerio de Salud ya dio su aprobación, con lo cual sólo queda coordinar la logística. Las dosis ya están producidas y los vuelos sanitarios las traerán “rápido” con el Airbus 330 que fue a buscar los insumos el año pasado. No se hizo antes porque el embajador Kreckler no llevó bien la negociación.

La gestión de Luis María Kreckler como embajador argentino ante la República Popular China comenzó y terminará con la misma tónica. En abril fue oficializada su designación, estuvo largos meses en Buenos Aires antes de llegar a su destino diplomático, pues no quería viajar debido al Covid-19.

Mientras que ahora, a punto de jubilarse, no participa de las negociaciones para comprarle 15 millones de vacunas a la potencia de Oriente, una gestión que el presidente Alberto Fernández maneja con bajo perfil pero que se vuelve importante en el contexto actual.

Las dos plantas de Sinopharm, la de Beijing inaugurada en abril y la de Wuhan, inaugurada en junio, han asegurado -para empezar- una producción de 120 y 200 millones de dosis anuales, respectivamente. A principios de diciembre, la viceprimera ministra Sun Chunlan, quien lidera el combate contra el coronavirus en China, visitó el Instituto de Productos Biológicos de Beijing y pidió a Sinopharm que “esté lista para la producción a gran escala”.

A inicios de este año, el presidente Liu Jingzhen anunció que “ya estaban recibiendo pedidos de docenas de países”.

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