A un mes de iniciado el aislamiento social preventivo y obligatorio, Alberto Fernández ha convencido acerca de su objetivo principal: el sanitario. Eso que se llama la gente coincide con él en que la medida del éxito es cómo se sale de la guerra contra el COVID-19. “Primero la vida, luego todo lo demás” es un valor que el Presidente puede dar por instalado. Valoraciones al margen, un éxito político, porque obtuvo un consenso muy mayoritario en cuanto a lo que buscó.

Los buenos números que el gobierno nacional puede por ahora mostrar en su meta prioritaria, sin embargo, se convierten, al instante siguiente del festejo, en una nueva dificultad, más compleja aún que la previa. Un ejemplo servirá para entender esto: el pico de contagios, que se esperaba inicialmente para mediados de abril, se corrió primero hacia principios de mayo, luego a mediados de ese mismo mes, más tarde para el comienzo de junio; y ahora Eduardo López, uno de los expertos en infectología convocados por el jefe de Estado, y que suele ser de los más pesimistas de ese grupo, ha dicho que allí empezaron a pensar que tal vez no llegue nunca. Que haya una curva suave, larga y lenta de contagios, pero que quizá jamás se dispare abruptamente.

El drama con eso es que puede forzar una intuición equivocada. Si los resultados siguen siendo buenos, alguna lógica podría sugerir un retorno veloz a la vida normal previa a la pandemia.

Y no: no sólo porque los países que salieron abruptamente del aislamiento –única vacuna efectiva conocida a la fecha- sufrieron recaídas fuertes. Para peor en el caso argentino, ese momento llegaría junto con la inauguración del invierno, cuando otras enfermedades virales se multiplican. Y, se sabe, la combinación entre otras afecciones y el nuevo coronavirus, sumado al hacinamiento que traería un regreso a la actividad plena, hace presagiar lo peor.

Con todavía dos meses más hasta el arribo del frío y las doce semanas que dura cada estación en el horizonte, la pregunta pasa a ser por la salud de la economía. Aunque Fernández optara por clausurar la cuarentena, con el obvio temor que este desastre ha provocado, ¿alguien puede pensar en ritmos de producción y consumo siquiera respetables? Más aún: si el distanciamiento es el remedio hasta nuevo aviso, prácticamente todos los empleos que hoy conocemos deberán ser reformulados. Dicho sencillo: la conservación de la salud pide a gritos una economía distinta.

Si bien Alberto, como arriba señalamos, consiguió adhesión para su propuesta de priorizar la vida, eso tiene un límite. Puede que una mayoría robusta acepte resignar bienestar, pero se cae de maduro que hay que garantizar mínimos de subsistencia. Caso contrario, por mucha buena voluntad que se pida, el confinamiento se romperá sólo, por la propia fuerza de la desesperación por bolsillos enflaquecidos hasta un punto insostenible. Con la ampliación del paquete de emergencia, Olivos parece haberse sacudido las últimas ataduras conceptuales que arrastraba. Y es que el mundo en que aquellas alumbraron, va camino a ser apenas un recuerdo.

Si se quiere prolongar la cuarentena para conservar el buen desempeño sanitario, hacía falta poner mucho dinero sobre la mesa. El combo de medidas no parece ser el de un pronto retorno a las calles. Perdiéndole el miedo a una emisión que no hará daño inflacionario ante la depresión que asoma, dejando de pagar deuda (por acuerdo y plazo de gracia o por default), cobrando un gravamen extraordinario a grandes fortunas y cumpliendo sí con los acreedores en pesos (para conseguir de allí algo más de recursos), el gobierno del Frente de Todos no sólo se hará del dinero para atender la urgencia, sino que da el puntapié inicial para un futuro de discusiones muy profundas sobre modelos, que el propio Fernández anticipó la semana pasada.

Aunque cueste creerlo sobre pilas de cadáveres a lo largo y a lo ancho del planeta, si es verdad que no hay mal que por bien no venga, Argentina, que ya había clausurado el esquema de especulación financiera, queda perfilado para encarar de vuelta hacia la justicia social tras el terror.

Así, la próxima pandemia, que ojalá no llegue nunca, no lo encontrará tan mal parado.

Un Comentario en “A un mes de una cuarentena que tiene para un buen rato”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *