Se empieza a avizorar la salida de la pandemia desatada por el COVID 19 y la puja distributiva entre capital y trabajo emerge nuevamente.

Panorama sindical. Puja distributiva – Radio Gráfica

La narrativa del capital concentrado invisibiliza ese antagonismo y su conflictiva además de postular reformas desde un discurso falsamente protector de la persona que trabaja, contrarias a derechos humanos laborales como la protección ante el despido arbitrario, la estabilidad laboral y el trabajo digno.

El mayor crecimiento del empleo de los últimos 30 años tuvo lugar entre el 2003 y el 2011 sin reforma laboral.

En cambio, el proceso flexibilizador de los años 90 -similar en su contenido al propuesto por cierto sector patronal, que redujo las indemnizaciones por despido y contribuciones patronales e introdujo las modalidades contractuales deslaboralizantes-, vaticinó un crecimiento exponencial de la economía, el trabajo registrado y las inversiones.

Resultó en el año 2002 un 21,5% de desempleo, 57,7% de pobreza y un ingreso promedio 67.2% inferior en términos reales al vigente en 1974, momento de mayor la distribución funcional del ingreso.

  1. EL DERECHO DEL TRABAJO, LA RESPUESTA A LAS DESIGUALDADES DEL CAPITAL.
    El derecho del trabajo tuvo su razón de ser ante las desigualdades producidas por el desarrollo de la Revolución Industrial entre empleadores y trabajadores y la aplicación de un derecho de iguales (civil) a quienes efectivamente eran desiguales.
    Esa desigualdad es preexistente y responde a las diferentes necesidades y lógicas que llevan a la persona trabajadora y empleador a celebrar un contrato de trabajo. La primera satisface necesidades esenciales con la remuneración (contraprestación de esa relación laboral) y el segundo su lógica de rentabilidad y ganancia.
    No hay ordenamiento laboral si no es un modo de producción capitalista.
    La flexibilización es siempre el vaciamiento del derecho del trabajo, nunca modalización de la libertad de comercio o elasticidad del carácter absoluto de la propiedad en clave de función social.
    En todas las experiencias históricas en que tuvo lugar un proceso de reforma laboral en apariencia innovador derivó, más temprano que tarde, en reducción de derechos y precarización de condiciones de trabajo. Resultó la fulminación fáctica y jurídica de la protección que la Constitución Nacional y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos le brinda a la persona trabajadora.
    Parece que hay derechos más humanos que otros, y el trabajo digno, la estabilidad y a la actividad productiva/creadora por sobre el contrato de intercambio, pertenecen a la segunda categoría.
    Esta jerarquización subrepticia del derecho de propiedad de quien detenta los medios de producción respecto de los derechos de la persona que trabaja, fogoneada por la hegemonía mediática y sedimentada en el inconsciente colectivo, muestra el estancamiento en el Estado liberal de derecho en relación al Estado social.
    La invisibilización del trabajo en tanto fuente de producción de valor y riqueza se acompañó con la sobrevaloración simbólica del capital.
    El neoliberalismo, la globalización y la financiarización de la economía mundial y local, recrudecieron las condiciones materiales de esa desigualdad y tornaron fundamental la repotenciación de la protección al trabajador con el fin de cumplir el mandato constitucional del art 14 bis de la Ley Fundamental.
    El capital se concentra, se segmenta en diversas sociedades con mecanismos fraudulentos para evadir la responsabilidad contractual respecto de los trabajadores, pero pide niveles de negociación individuales y debilitamiento de la tutela de las normas laborales.
    En el reconocimiento del antagonismo irreductible capital/ trabajo, el derecho es un instrumento que cercena el poder del empleador ante la lógica de maximización de rentabilidad, y garantiza la ciudadanía del trabajador dentro del ámbito de la empresa.

2.FLEXISEGURIDAD, EL RETORNO DE LA PRECARIZACIÓN LABORAL.
Los intentos flexibilizadores surgieron desde que nació el derecho del trabajo.
La apropiación del trabajo ajeno, legitimada por el sistema, es intervenida por los límites impuestos por el Estado a través del derecho para evitar la cosificación del trabajador ante el avance de la lógica de acumulación de ganancias ilimitadas.
Es esta razón de ser objetiva y material -mientras exista un modo de producción capitalista-, la que justifica una protección unirideccional del trabajo.
No es un privilegio, es la ley como compensación.
Cuando se estableció el derecho a las vacaciones pagas, el aguinaldo, el salario mínimo vital y móvil, el derecho de agremiación, huelga y los convenios colectivos de trabajo, el discurso empresarial siempre tuvo como caballito de batalla la imposibilidad de desarrollar el comercio y la industria, las inminentes quiebras, la ausencia de seguridad jurídica y la desinversión.
Era el margen de ganancia el punto en disputa.
La primera flexibilización apareció en modo de supresión de la mano del terrorismo de estado, cuando se aniquilaron 27 artículos de la Ley de Contrato de Trabajo, se modificaron otros 99, se prohibió la actividad gremial, el derecho de huelga, la fijación de salario por parte del gobierno de facto, baja de los beneficios obtenidos por convenio colectivo y derogación del estatuto del docente, entre otras imposiciones regresivas.
¿Cuál era el fin? La instalación del terrorismo económico con el modelo de especulación financiera, cuya subsistencia dependía del desmantelamiento de la matriz productiva nacional y la fulminación de las conquistas sociales traducidas en derechos laborales, debido a la tasa decreciente de ganancia.
También el disciplinamiento del colectivo de trabajadores y trabajadoras, así como el secuestro, tortura y desaparición de muchos de ellos que se oponían a ese modelo económico y social.
No fue la única ocasión en que tuvo lugar un proceso flexibilizador.
A fines de los años ochenta el discurso mundial se consolidó en las premisas del Consenso de Washington que pregonaba un Estado mínimo, disciplina fiscal, la inflación como eje de la economía, tasas de interés fijadas por el mercado, privatizaciones de empresas estatales, desregulación y la concepción del salario como un costo.
Era el “fin de trabajo” pero no del capitalismo. Curioso mantra que retorna.
Se inició así el itinerario de leyes precarizadoras que postulaban la creación de empleo con reducción o supresión de las indemnizaciones por despido, mengua de contribuciones patronales, segmentación de vacaciones, aguinaldo y disponibilidad colectiva para negociar a la baja.

ES LA ECONOMIA…
Cada vez que el modo de producción capitalista entra en crisis, lo salva el Estado.
Pero hay algo más, apenas resurge maltrecho con esa asistencia estatal, puja por la manutención del márgen de ganancia.
En los 12 años comprensivos del gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, se crearon 5 millones de puestos de trabajo sin reformas laborales regresivas, reponiendo artículos en la Ley de Contrato de Trabajo podados por la última dictadura cívico militar. Héctor Recalde fue el hacedor fundamental desde la Cámara de Diputados de la Nación para lograr ese objetivo.
El mundo hoy se está debatiendo la reducción de la jornada laboral sin mengua salarial, la introducción de la tecnología de la información y comunicación para aumentar derechos laborales, sin embargo, el bloque de poder económico instala la necesidad de reformas precarizadoras de derechos con experiencias próximas en el tiempo de fracaso rotundo, local, regional y mundial.
Se abre un escenario de puja en la construcción de un nuevo orden y con eso la posibilidad de que la exclusión no se traduzca en personas, sino en justa distribución de riquezas y poderes sociales.
La creación de empleo, la inyección productiva, un esquema tributario equitativo, la reinversión en el país, la ampliación del mercado interno, no depende de la normativa laboral sino de la economía.
Como dice Gustavo Ciampa, presidente de La Corriente de Abogadxs Laboralistas 7 de Julio, la pretensión del bloque económico concentrado es cambiar el estado de bienestar por el estado de malestar.

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